La vida de los libros

Pierre-Auguste Renoir, "Retrato de Jean y Geneviève  Caillebotte" (1895)

Ottilia Adelborg (1892)

Los libros también tienen vida. Aunque egoístas como somos creamos que no, que la vida solo es propia de los seres que llevan sangre o savia correteando de arriba abajo por el cuerpo.

Los libros viven y su vida en ocasiones se parece mucho, tal vez demasiado, a la nuestra: capaces como son de arañar gloria y miseria.

Abandono.

Olvido.

Soledad.

La claridad que se cuela por la rendija del bolsillo de una chaqueta que lo pasea orgullosa por las calles.

O la oscuridad.
Arthur Hughes
Arthur Hughes

Esa que llena el rincón más polvoriento de una habitación que ya nadie abre, y que le sirve de carcelera...

Uno de ellos está ahora aquí, conmigo, amodorrado entre un montón de cuadernos y bolígrafos de colores sobre mi escritorio, tan cerca que me roza la piel mientras esto escribo.


Quería gustarme y yo no le hice caso... Pobre criatura de papel.

De manera que hoy, al tomarlo entre los dedos poniendo cuidado de que no lo vaya a rozar el aire, no soy capaz de alejar de mi cabeza la idea de que a lo mejor una vez, apretujado en el último hueco de la estantería, una lágrima invisible se formó en su barriguita de hojas con la tinta deshecha de las letras.

Por mi culpa 🤦🏻‍♀️.

✏️ Imagen de cabecera: Pierre-Auguste Renoir, Retrato de Jean y Geneviève Caillebotte (1895)

Este relato apareció publicado, por primera vez, el día 5 de noviembre de 2013 en mi viejo blog: Cuentos de Brocelianda

"Beato de Fernando I y doña Sancha" (BNE Vitr/14/2). Detalle
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