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Pero tú eres un libro, libro sin nombre. Me entran muchas ganas de decirle entonces porque no es poca la fuerza con la que lo pienso. Y los libros es eso lo que tienen, que su mismísima idiosincrasia los traiciona y les hace airear al mundo lo que el pobrecillo cree que solo, así a escondidas y de noche y medio dormido, me cuenta a mí...
Y, sin embargo, quién dice que no lleva él razón en su pensamiento y yo error en el planteamiento este.
Porque qué es la lectura sino un diálogo profundo y hermoso que se entabla entre dos almas que están muy lejos, uno de los más profundos y más hermosos que el ser humano pueda establecer con un igual, aunque de ese igual lo único que queden sean sus letras...
De modo que, sabiendo como sé que no se mantiene una conversación idéntica con dos personas distintas porque el que está enfrente ya no será el mismo, de qué me extraño cuando el libro sin nombre me dice te voy a contar un secreto que solo vas a saber tú.
Nadie hay en el mundo que entienda lo que él dice de la forma en que lo hago yo...
✏️ Imagen de cabecera: Jessie Willcox Smith (1919)
Este relato apareció publicado, por primera vez, el día 3 de diciembre de 2013 en mi viejo blog: Cuentos de Brocelianda
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