La casita de madera


Hay una casita de madera frente a mí. Tiene la puerta abierta y, en su interior, la luz tenue de un candil hace pedacitos las sombras que pudieran querer adueñarse de los rincones.

Detrás de la casita hay un lago. Un lago inmenso cuya superficie navegan cisnes, decenas de cisnes.

Desde el cielo la luna me mira. Una luna muy grande que parece ansiosa por enjugar sus rayos en esas aguas calmas del anochecer temprano de principios de otoño.

Titus B. está a mi lado. Sentado en la hierba y abrazado al Libro grande. Está más delgado. Está más viejo.

Quiere que vayamos a la casita de madera.

Que subamos los pocos peldaños que separan la tierra de su puerta y entremos. Entremos sin llamar.

La casita de madera es nuestra.

Tiene que ser nuestra porque antes no estaba y ahora está. Porque este bosque mágico la ha levantado para nosotros. Y nosotros andamos hacia ella. Recorremos muy poquitos pasos, demasiado poquitos, y ponemos por fin un pie en el primer escalón. Los dos a la vez. Titus B. con sus pasos de duendecillo triste y viejo. Yo haciendo rechinar la madera bajo las suelas de mis botines verdes… 

✏️ Imagen de cabecera: autor ¿desconocido? 🤔

Este relato apareció publicado, por primera vez, el día 14 de octubre de 2014 en el blog Cuentos de Brocelianda.

Para que no se pierdan en el olvido, dejaré que dormiten aquí, bajo estas poquitas líneas, el comentario que recibió en aquel momento y la respuesta que yo le di 🙈, mira:


"Beato de Fernando I y doña Sancha" (BNE Vitr/14/2). Detalle
✨️✨️ No te vayas, peregrin@, sin dejar un comentario 🙏🏻. Que, mientras esté formulado desde el respeto, será muy bien recibido 🙃✨️✨️ 

✨️🌸 Lola 🐦✨️

Comentarios